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Después
de que haya pasado un mes de su estreno, por fin servidora se ha
aventurado a ver una de las películas "del año".
Primero, he de puntualizar que soy fiel seguidora del cine de terror
y lectora que gusta de los libros de vampiros; segundo, que procuro
evitar a toda costa la masificación en una sala de cine a
menos que la película realmente me merezca la pena.
Una
vez dicho esto, puedo empezar a hablar de mi experiencia
"anti-natural" con la señora Meyer y sus historias de
adolescentes hormonados, porque al fin y al cabo, es eso lo que
representa: un vampiro soso y atormentado, una humana con sangre
demasiado caliente y un hombre-lobo que anda detrás de la
humana y no soporta al vampiro... bienvenidos a "Crepúsculo:
Luna Nueva".
Para
refrescar un poco la memoria, la primera parte de la saga contaba
como Bella Swan (Kristen Stewart) llegaba a Forks para vivir con su
padre y se matriculaba en el instituto, conociendo a un pálido
y esquivo Edward Cullen (Robert Pattinson), que resultaba ser un
vampiro. A partir de ahí, se hacían novios y ella
corría peligro de muerte al ser perseguida por otro grupo de
vampiros asesinos (que ironía). Y por el medio, hormonas y más
hormonas, y millones de adolescentes (y no tan adolescentes) adorando
a éste gurú de los best-seller, Stephenie Meyer.
En
ésta segunda parte, Edward sigue atormentado y decide
abandonar a su amada para que no corra más peligro, Bella se
dedica a ponerse en peligro porque tiene visiones del vampiro con los
subidones de adrenalina que le dan y el licántropo, Jacob
(Taylor Lautner) luce los músculos que tanto esfuerzo le ha
costado conseguir en el gimnasio (los productores le consideraban
demasiado esmirriado para encarnar al modelo de pasarela que requería
la continuación) danzando medio desnudo bosque arriba y bosque
abajo, junto su troup de hombres-lobo musculados. También
entran en acción la familia Volturi, aristócratas de
Volterra (Italia) que dirigen a la Comunidad de Vampiros y cuyos
miembros, entre los que destaca Aro (Michael Sheen , ¿no era
licántropo?) y Jane (Dakota Fanning, que está yendo
hacia abajo en su prematura carrera), aparecen al final de la
película en un acelerón de la trama por terminar.
Y
ese es todo el argumento de la segunda película, dirigida esta
vez con muchos más medios que la primera, pero cuya calidad
sigue siendo nula. Chris Weitz se encarga ahora de la dirección,
metiendo composiciones visuales que no aportan nada y poniendo a los
personajes -más planos que el papel de fumar- a intentar ser
tremendamente profundos y trascendentales, continuando la precaria
tarea de su antecesora y añadiendo el morbo de la atracción
sexual en éste caso entre Bella y su amigo de la reserva
India. Por el lado de la fotografía, sigue siendo tan tan fría
que puede llegar a saturar e influye negativamente en la lentitud con
la que se desarrolla la trama. Y la música teen, que sale por
todos lados para hacer un excesivo acompañamiento de las
acciones.
Pero
me gustaría resaltar a los dos personajes principales, la
parejita que conforman Stewart y Pattinson en la película. La
historia de amor que representan (y aquí ruego encarecidamente
al lector que se apresure a ver "Drácula" de Coppola si
aún no la ha visto) es sosa, insustancial y tan fría
como muerto está el vampiro. Bella está, y perdonen la
expresión, con un calentón del quince desde que vio por
primera vez al blancuzco Edward -que sí, que los vampiros son
pálidos, pero no se dedican tampoco a empolvarse con cal- así
que pone cara de deseo irrefrenable a cada minuto. Y por su parte, el
chupasangres es un alma atormentadísima y todo lo que dice o
hace parece ser atormentado, mientras que mira al horizonte con cara
de gran consternación al hablar.
Podemos
añadirle a esto que cada vez que aparece en escena en plano
general, todo se ralentiza para que sus andares queden más...
¿glamurosos?
Lo
bueno o lo malo, según se mire, de ésta segunda parte,
es que entra en acción Jacob y al fin una puede minimamente
intentar comprender el estado de agitación hormonal de las
féminas. Por mi parte, he de confesar que le terminé de
coger manía al vampiro atontado y a la yonki de la adrenalina
suicida, sumado a que se me hizo tedioso tantos minutos para no
contar nada.
Como
apunte final, destacar el apartado de maquillaje y efectos
especiales... que con los más de 275 millones de dolores que
ha recaudado, ya puede empezar a notarse y adecentarse en la
siguiente entrega anual para 2010, "Eclipse", porque todavía
deja mucho que desear -esos hombres lobo que le hacen a uno arquear
la ceja o los reflejos de los cristalitos Swaroski en el flacucho
torso del vampiro Cullen- y sólo son un elemento más
para empeorar la cinta.
Si
quieren vampiros y tensiones sexuales, recomiendo la serie
norteamericana de HBO "True Blood", que ya comienza su segunda
temporada en España y que al menos, te hace pasar un buen rato
con personajes que te caen simpáticos y toques de humor ácido.
Y si no, siempre quedará la tercera parte de éste
fenómeno...
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