Recuerdo que allá por 2001, surgió de la factoría Dreamworks una
película sobre cuentos de hadas donde nada era lo que parecía. Su
protagonista, un malhumorado ogro verde llamado Shrek con un peculiar
sentido del humor, rescataba a una moderna princesa hechizada de la
torre de un castillo, Fiona, acompañado de un asno parlante, y también
entraba en escena un sexy gato con botas. Ésta película marco un hito
en la animación, sobre todo por parodiar al idílico mundo Disney, por
su sentido del humor enfocado a los adultos y porque se postulaba como
firme competidora de los productos de Pixar... pero hoy, nueve años
después, nos llega la última entrega "Shrek: Felices para siempre", sin
pizca de gracia y habiendo sido vapuleada en taquilla por "Toy Story 3"
de Pixar.
Los guionistas, que bien o han perdido toda la mordacidad de la primera
y segunda entrega o han sido sustituidos por máquinas de hacer dinero,
han decidido contarnos los problemas a los que se enfrenta el ogro una
vez ha formado una familia: vamos, los problemas de madurar y
establecerse en una vida rutinaria. Shrek ha tenido tres hijos con su
esposa Fiona y se da cuenta que echa de menos su vida de antaño, cuando
era un ogro temido por los aldeanos y se revolcaba en el fango sin
preocupaciones. Su oportunidad de rememorar sus viejos días llega
cuando conoce al traicionero Rumpelstiltskin y firma un contrato con
él: a partir de ahí, aterrizará en una realidad alternativa (más de uno
habrá pensado en la serie "Lost") donde el Reino de Muy Muy Lejano es
muy diferente a como solía ser.
¿Quién ha decidido que las películas veraniegas de acción tienen que tener obligatoriamente una sobredosis de efectos especiales? Aquí tenemos una peli que podría haber sido mona, algo tipo "Charada" con malos muy malos, un tipo atractivo y una excusa para involucrar a la chica en el lío. Algo con diálogos ingeniosos, mucho flirteo entre los protagonistas, y alguna persecución que otra para interrumpir el romance y prolongar la cosa durante hora y media, hasta el final feliz.
Podría haber sido algo así, pero no lo es. Para empezar, porque Tom Cruise no es Cary Grant, ni aunque se ponga alzas. No es que esté mal, la verdad, de hecho en esta película está mucho mejor que Cameron Díaz, pero en mi opinión, le falta ese atractivo especial que hace que te creas que la chica lo seguiría a cualquier parte con los ojos cerrados (o tal vez es que a mí me gustan más altos...).
Cameron Díaz tampoco ha sido nunca santo de mi devoción, pero ella
también lo intenta. Parece realmente encandilada con Cruise, se cree
todo lo que él le cuenta, y hasta parece que se divierte con toda la
acción y el peligro. Por cierto, se la ve avejentadísima, parece
incluso mayor que TC.
Lamentablemente, suele suceder que pequeñas joyas del séptimo arte no llegan al gran público por falta de difusión, sobre todo cuando se avecina la época estival cargada de películas animadas para el público infantil o de cintas como sagas vampíricas para adolescentes, que eclipsan la cartelera de la mayoría de los cines. Ésta vez, desde Japón y de la mano de Hirokazu Koreeda ("Still Walking"), conocido por el sabor humanista de sus películas, llega un cuento preciosista para adultos como "Air Doll", basado en un cómic manga de Yoshiie Gouda: "La figura neumática de una chica" (y que también puede recordar en algunos puntos al manga "Chobits" de CLAMP).
Porque ante todo, ésta película es un cuento con tintes dramáticos sobre el descubrimiento de la vida, la soledad, el amor y el dolor, de la mano de una muñeca hinchable que consigue un corazón y cobra vida. Nuestra protagonista es la única propiedad valiosa de un hombre solitario de mediana edad y aprovecha su ausencia mientras trabaja para salir a descubrir la ciudad con una inocencia pura de quien se abre por primera vez al mundo, que evoca una gran ternura en el espectador. En una de sus salidas, descubre un videoclub y a su joven dependiente, y a partir de entonces comenzará a trabajar en él a escondidas de su dueño, mientras nace una bonita relación entre ella y el joven.
Anoche
fui a ver esta película por la que Sandra Bullock ganó
el Oscar a la mejor actriz este año, basada en la novela de
mismo título y que leí hace un par de meses.
En
primer lugar, me da la impresión de que en el cine donde la vi
la imagen no estaba bien centrada en la pantalla, porque en todos los
planos les cortaban la parte superior de la cabeza a los actores. O
eso, o el director es un incompetente que no sabe hacer ni un
encuadre, pero me decanto más bien por la primera opción.
Me tuvo de los nervios toda la película.
La
historia es asombrosa: una familia blanca y acomodada de Memphis
acoge en su casa a un chico negro de unos 2 m de altura y unos 200 kg
de peso, sin hogar y sin apenas escolarizar, lo adoptan, le ponen una
profesora particular, lo ayudan a conseguir una beca de fútbol
en la universidad y lo tratan en todo como a uno de sus hijos. Y todo
esto ocurrió de verdad.
Ya el tráiler de la
película me dejó un pelín desconcertada -al
principio hasta pensé que era de una peli de vampiros- y la
versión completa es más de lo mismo: Dorian Grey con
efectos especiales. Así, el retrato respira, se mueve y supura
fluidos inmundos y gusanos, como si estuviera al mismo tiempo vivo y
podrido.
La historia es conocida
por cualquiera que no sea un alumno de ESO: Dorian Gray es un joven
criado en el campo, que llega a Londres convertido en un rico
heredero tras la muerte de su abuelo. Allí conoce a un artista
que, admirado por su belleza, pinta su retrato, y a Lord Henry
Wotton, un hedonista que influye enormemente en el chico. Dorian
manifiesta su deseo de permanecer siempre como se ve en su retrato, y
su deseo se cumple, pero todos los actos de depravación que
comete a partir de ese momento (y son muchos) quedan reflejados en el
retrato.
A
veces una tiene ganas de ver una peli en la que sólo haya amor
y lujo, y zapatos divinos de la muerte. Pare esas ocasiones, ésta
es la película perfecta.
Ya
en la primera escena aparece Sarah Jessica Parker con unas gafas de
sol tipo Ray-Ban de cristales dorados absolutamente fabulosas y unos
Louboutin espectaculares, y así sigue la cosa hasta el minuto
final. Sombreros, vestidos, zapatos, bolsos (un Birkin!), todos
increíbles, todos maravillosos, y todos totalmente fuera del
alcance de un sueldo normal. Vamos, que se sale del cine dando
gracias a Amancio y sus clones, aunque estoy segura de que nunca
jamás un Zara mancilló los cuerpos de las cuatro
protagonistas.
"Dios
ha perdido la fe en sus hijos". Que buena parecía ésta
premisa y que gran película se podría haber conseguido
si el guión hubiera estado más elaborado, apartándose
de las reminiscencias del género de zombies y desarrollando un
verdadero ambiente pre-apocalíptico; y no un Apocalipsis
cualquiera (de esos que de aquí a 2012 inundarán las
pantallas probablemente) de desastres naturales y demás... no,
un verdadero cabreo de un dios supremo con la raza humana, por
inconscientes y descarriados (si es que...).
El
argumento nos cuenta como el arcángel Miguel (Paul Bettany)
decide revelarse contra los designios de Dios y salvar a la raza
humana, más en concreto a una joven embarazada llamada Charlie
(Adrianne Palicki), que es camarera de un restaurante de carretera en
medio del desierto de Mojave, "Paradise Falls" (La caída
del Paraíso). El dueño Bob (Dennis Quaid), ha perdido
la esperanza y su hijo Jeep (Lucas Black), enamorado de la bella
camarera, intenta ayudarles a ambos. Junto a ellos, se encuentra el
cocinero Percy (Charles S. Dutton), un matrimonio con su hija
adolescente (Kate Walsh, Jon Tenney, Willa Holland) y un hombre con
un arma (Tyrese Gibson). Ninguno de ellos se imagina lo que está
a punto de suceder en el mundo mientras ellos permanecen sitiados en
medio de la nada.
Una
de las peculiaridades que destacaría en cuanto a mis gustos
fílmicos es que para poder echarme unas risas de vez en cuando
frente a una pantalla, en vez de acudir al género de la
comedia, echo mano de las más variadas producciones de
"terror". Y es que éste género me ha dado momentos
grandiosos, como los que ofrecía Uwe Boll en su gran película
"House of Dead", que sin duda se merece una crítica larga
y tendida... pero todo a su tiempo.
Buscando
en el baúl de los recuerdos, he rescatado una cinta que en su
momento dio mucho que hablar y que fue comparada con la ya mítica
"El proyecto de la bruja de Blair", pero que por mucho que lo
intente, no le llega ni a la suela del zapato (de hecho, basta con
apuntar que hoy en día muy pocos la recuerdan). Se nos
anunciaba el año pasado una especie de documento gráfico
real que recogía los estremecedores hechos que vivieron en su
casa Micah y Katie, una joven pareja norteamericana, al enfrentarse
con una presencia sobrenatural. Y lo cierto es que lo único
fuera de lo común fue la pasta gansa que ganó el
director, un tal Oren Peli, y la productora, cuando les costó
dos duros hacerla y resultó ser un exitazo de taquilla.
La
historia se resume en como Micah, un agente de bolsa que parece que
nunca va a trabajar, compra una cámara de video para grabar
todo lo que ocurre alrededor de su novia Katie, que se va a
licenciar y que nunca estudia (aunque quizás esto sea algo más
común). Por lo tanto, el filme está basado en esas
supuestas grabaciones caseras, en las charlas relacionadas con el
fenómeno que no aportan nada y los minutos muertos de
filmación mientras duermen, porque el ente es muy
desconsiderado y sólo da el coñazo a partir de la una
de la madrugada.